sábado, 23 de mayo de 2015

Aprendizaje madurescente y memoria

Imagen: Railastur

Entre los carriles de las vías del tren, crecen flores suicidas. Ramón Gómez de la Serna

(Escrito en el tren de vuelta el 22/05/2015)


Metacognición.


Me gusta viajar en el AVE. Y esta mañana a las 6:20 h, más dormida que despierta, he partido hacia Madrid. Y lo del sueño no es baladí. El estrés que me ha provocado el madrugón ha hecho que olvide en casa mis recién estrenadas gafas progresivas y me condene, de esta manera, a mirar el paisaje en lugar de trabajar desde mi smartphone en el que sólo veía manchones indefinidos.

Tampoco he podido dormir durante el viaje porque el grupo que viajaba a mi lado ha estado elaborando la estrategia de intervención de la Delegación de Cataluña en la reunión anual de su empresa en Madrid. Además de indiscretos, ruidosos, y he podido conocer de primera mano, mejor dicho, de primer grito, sus opiniones sobre los jefes nacionales, sobre sus colegas de otras delegaciones, sobre sus empresas competidoras y hasta he sabido qué votarán el próximo domingo. ¡Cosas del AVE...! Pareciera que uno es más importante cuanto más y más alto habla.

Así que me he dedicado a la vida contemplativa y he sido testigo de una espectacular salida de sol en un cielo completamente azul, el paso de un paisaje plagado de huertas a uno desértico, he comprobado que la primavera ha alcanzado todo su esplendor en forma de campos cuajados de miles de amapolas, y apenas vislumbrado la tristeza de las estaciones de tren en las que no para el AVE.

Lo más curioso del viaje ha sido tener que recurrir de nuevo, después de un montón de tiempo, a la memoria para repasar mentalmente tres o cuatro veces al menos la charla que me ha llevado a Madrid en la que hablo de innovación en la formación y el aprendizaje en la empresa.

Al llegar al lugar donde se desarrollaba el Congreso no las tenía todas conmigo: acostumbro a repasar mis intervenciones marcando el avance y el cambio de tema en sintonía con el cambio de "slide", pero hoy este recurso era inviable: en mi smartphone una macha grisácea me impedía que viera con nitidez de qué iba cada diapositiva, cada imagen, cada texto.

Pero, ¡oh, sorpresa!, mi intervención de hoy me ha parecido más estructurada que nunca y de hecho así me lo han manifestado alguno de los asistentes: ¡Qué bien hilado el discurso!¡Cómo pasas de un concepto a otro! Y hablaban de mí (!?) que me gusta dejar volar mi imaginación para adaptarme al máximo a lo que me comunica el grupo que tengo delante...

Pasado por el tamiz de la memoria el discurso se ordenaba y parecía que tenía las ideas más claras que nunca, ¡sorprendente!

No por ello he perdido espontaneidad. Antes al contrario, los refuerzos mnemotécnicos me han dado una seguridad tal, que me he permitido el lujo de salir y entrar del hilo conductor con más libertad que otras veces en las que la sucesión de diapositivas era, en realidad, quien marcaba el ritmo  y no el libre discurrir del pensamiento.

¿Se debe a que fue mi manera habitual de aprender cuando niña? O ¿realmente la memoria es todavía un recurso valioso en la era de Google? ¿A qué se debe ese continuo desprestigio de la memoria como recurso de aprendizaje?

En mi intento de estar a la última tecnológicamente hablando, había abandonado por completo el ejercicio de la memoria y descubro ahora (hélas!), que sigue siendo un potente recurso para ordenar el pensamiento. La memoria ha marcado la narrativa del discurso, el hilo conductor, la lógica interna y el tránsito natural de un concepto a otro.

                           

lunes, 18 de mayo de 2015

Golden Workers Aprendices: de la escuela industrial al aprendizaje ubicuo.

Imagen: Irina Werning

Hay dos clases de innovación: una horizontal que consiste en cambiar la respuesta (evolución) y otra vertical que consiste en cambiar la pregunta (revolución). Jorge Wagensberg

Me siento frente al ordenador. Estoy preparando un artículo sobre "La Gestión de la Edad". Es un tema novedoso que será de urgente abordaje dentro de nada para muchas empresas y organizaciones, pero que ahora, sumergidos como estamos en salir de esta crisis económica a base de recortes, ERES, reducciones de plantillas y demás parches dolorosos..., nadie siente como urgente.

Aprender sobre algo de lo que nadie habla, que nadie aborda, tiene sus dificultades, pero es el signo de los tiempos: Tenemos que estar preparados para trabajos que aún hoy no existen, con herramientas que no hemos desarrollado, para resolver problemas que aún no están planteados. Y el del envejecimiento de la población es un problema que ya está sobre la mesa de muchas empresas pero que apenas nadie sabe cómo afrontarlo.

Y frente al ordenador, abro Google y comienzo mi búsqueda. Paso la mañana de Google a YouTube y de Scoop.it a Feedly, entresacando frases, cifras, esquemas... ideas... que recojo en un documento en la nube.

Consulto blogs, revistas online, escribo un par de correos pidiendo ayuda y opinión... 

Ni un vistazo a mi librería, no consulto mis viejos apuntes y posts sobre el tema, ni se me ocurre pasar por una biblioteca... Parece que sólo me interesa lo último de lo último, entierro cualquier dato que no pueda consultar ya mismo desde mi Mac o desde mi smartphone.. 

Es como si a lo que no puedo acceder a través de internet hubiera perdido interés o estuviera obsoleto por el simple hecho de no ser recuperable a través de la red de redes.

Mi nueva manera de acceder a la información hace que pierda la profundidad que tenía sumergirte en un texto, lápiz en mano, tocando papel, dejando el libro o la revista sobre la falda para mirar hacia adentro y fijar en la memoria lo recién leído. Ahora anoto en una pequeña libreta el enlace y tal vez el autor o el título para poder recuperar la información en caso de necesidad, pero ni eso es necesario, recurro más a menudo a lo anotado al historial de búsquedas o a revisar mi lector de feeds.

Esos cambios en mi manera de aprender han sido progresivos e imperceptibles, he incorporado herramientas y recursos tecnológicos sin apenas darme cuenta, fruto de una evolución natural dirigida por la comodidad, la urgencia, la practicidad... Aprendo de forma diferente...

Pero es más necesario que nunca aprender, es imprescindible para seguir en la brecha, conocer dónde se halla la información, quién sabe de ese tema que te traes entre ceja y ceja, con quién conversar para contrastar opiniones y creencias. 

En todo momento, en todo lugar, para cualquier problema o duda que surja en el camino debo poder acceder a la información necesaria para continuar creciendo, desarrollándome, porque mientras siga aprendiendo, mientras mantenga la curiosidad... proseguiré mi viaje profesional.

Y lo que han traído estos tiempos líquidos es la necesidad de armarnos de nuevos conocimientos y habilidades para poder abordar sin miedo y con ilusión los nuevos retos que nos depare el día.



Imagen: www.fotolog.com
Solo cabe una posibilidad: prepararnos para la incertidumbre. Desarrollar competencias que nos permitan localizar información de calidad y compañeros para la aventura del aprendizaje. Aprender a filtrar la información, leerla críticamente, compartirla. Saber enfrentarnos a preguntas, encontrar respuestas y generar nuevas preguntas. Y transferir lo aprendido a situaciones novedosas, y reflexionar sobre la experiencia vivida. Eso es hoy aprender.

Fernando Trujillo




sábado, 9 de mayo de 2015

Sentirnos sentidos: el wifi emocional y el smartphone


Imagen: http://www.tuyafm.com/escribir-por-celular-altera-modo-de-caminar-y-pone-en-riesgo-a-los-peatones/google4d8dd7323dfd08b1.html

El crecimiento se acelera con cada generación de conectividad. Javier Creus - Ideas for change

Cuando algo me sale mal, cuando alguien me hace daño, cuando me siento aburrida, cuando estoy enfadada, cuando me siento sola, cuando temo algo, cuando me siento pletórica, cuando algo me sale bien, cuando veo algo curioso..., saco mi smartphone del bolso o del bolsillo y, ya sea en WhatsApp, en Twitter, en Instagram, en Facebook..., busco sentir la compañía de otros.

No espero respuesta, sólo sentirme sentida. Tengo siempre conectada mi wifi emocional, como diría Alberto Barbero

Está Internet lleno de posts que alertan del peligro de estar siempre conectado, que animan a desconectar el móvil y mirar a los ojos de la gente; y yo no puedo estar más de acuerdo. 

Pero apenas nadie aplaude cómo crezco cuando conecto en red, como siembran en mí pensamientos y sentimientos los otros a los que sigo en la red, la proximidad emocional que me proporciona una conversación en Twitter o en Facebook.

He creado potentes vínculos profesionales en Linkedin y me siento parte de una tribu de knowmads que aprenden caminando, que comparten y cocrean en la proximidad de las redes.

En la soledad compartida de un vagón de metro, participo en la asamblea diaria de Twitter y respondo a nuestras comunes inquietudes.

Estoy conectada. Me siento sentida. 

domingo, 3 de mayo de 2015

Los nuevos formadores internos como agentes de cambio.


Imagen: The New School

Necesitamos más "agentes de cambio".

¿Por qué formadores internos? Cultura interna y oficio.


Mi primer impulso, la primera iniciativa, el primer paso que he dado siempre en todas las organizaciones en las que he trabajado, ha sido organizar (cuando no lo había) o desarrollar un equipo de formadores internos.

En todas las ocasiones ese equipo ha sido una fuente de energía y motivación para plantillas quemadas, aburridas, desafectadas... 

Formadores, mentores, tutores, dinamizadores..., se les llame como se les llame, su función principal es la de ser puente que une a los profesionales con los valores de la empresa y pieza principal en la "gestión del cambio".

Mucho han cambiado las cosas desde mis primeros pinitos en la formación de formadores y fundamentalmente ha cambiado una cosa: en la era de la información, en la era digital aprendemos de otra manera: necesariamente debemos incorporar nueva información a nuestro conocimiento profesional para mantenernos actualizados y eso hace que accedamos al conocimiento más allá de las aulas y las sesiones formativas presenciales.

Siempre fue así, pero ahora lo es mucho más y aprendemos de los colegas, googleando, en YouTube... aprendizaje informal en fin, en un porcentaje que ronda para muchos autores el 80%.

Los tradicionales "planes de formación" de las empresas evolucionan muy lentamente hacia el desarrollo de Entornos Personales de Aprendizaje (EPA) y Redes Sociales Corporativas (Comunidades de Aprendizaje) que permiten agrupar todo ese conocimiento interno y darle difusión a toda la organización. 

¿Dónde queda el papel del formador interno en este panorama?

Teniendo esto en cuenta, he empezado a darle vueltas a los cambios a introducir en las tradicionales sesiones de formación de formadores que se llevan a cabo en todas las organizaciones que disponen de formadores internos. Y después de varias acciones de prueba y observación veo que:


Los nuevos formadores llevan su smartphone en el bolsillo y, como el resto de los mortales, al finalizar una sesión con el resto de formadores de la empresa, organizan un grupo en WhatsApp que servirá para seguir en contacto y cohesionar el grupo, hará que cada formador se sienta miembro de un equipo, desarrolle el sentimiento de pertenencia a un clan.



Los nuevos formadores no le temen a la "Flipped classroom", la clase invertida y se graban en vídeo para que los futuros participantes de una acción formativa de la que son responsables, sepan de ellos, conozcan la voz y las maneras de quien conducirá las sesiones tanto si son presenciales como virtuales. Graban también "demos" y "tutoriales" que resumen o complementan los aspectos principales que se trabajen en las sesiones.



Los nuevos formadores saben jugar , aplauden los logros de los participantes en el juego del aprendizaje estimulando la superación de retos, preguntan continuamente e incorporan las respuestas al contenido de la sesión, ayudan a la gente a sacar sus propias conclusiones y a que las compartan con los otros.


Los nuevos formadores predican con el ejemplo y se mantienen al día en su profesión alertando información en Internet (RSS), participando en las redes sociales en las que se hallan sus colegas de profesión (LinkedIn), probando nuevos recursos que permitan un acceso especializado y filtrado a la información (content curation), manteniendo permanentemente el espíritu de "aprendiz".


Los nuevos formadores diversifican recursos y ritmos, ya que tienen en cuenta que no todo el mundo se mueve a la misma velocidad, ni aprende de la misma manera. Intenta individualizar su relación con los participantes a través de la comunidad de aprendizaje (Red Social Corporativa) que abre para sus "alumnos" en Internet y que le permitirá seguir en contacto tanto individual como grupal con el grupo de participantes y en la que promoverá el intercambio de experiencia, buenas prácticas y conocimiento entre sus miembros.


Los nuevos formadores, en fin, estimulan y entrenan en el trabajo colaborativo, la innovación, el aprendizaje permanente y el compromiso con la organización, siendo los principales "agentes de cambio".




                                

domingo, 19 de abril de 2015

Jugar a vivir

Imagen: Gamers: Phil Toledano


El juego es la suprema sensación para aquellos que no conocen el amor, ese otro juego en que se apuesta el alma. Manuel Gutiérrez Nájera



¡Ojalá jugáramos a trabajar! Con esa seriedad que imprime el conocer bien las reglas del juego. Con la limpieza y transparencia con la que se han de repartir las cartas y la profundidad con la que analizamos la mano que nos ha tocado en suerte.

¡Ojalá jugáramos en pareja! Construyendo las señas y guiños de nuestra secreta comunicación que nos hará invencibles. Adivinando el juego del otro y completándolo.

¡Ojalá jugáramos en equipo! Respetando los roles y la distribución de tareas que nos hace más fuertes, más potentes, más eficientes.

En el juego nos sumergimos en lo que acontece hasta el cuello, perdemos de vista lo que no afecta a la partida que estamos jugando  y somos más nosotros mismos que nunca.

Brava comparación -dijo Sancho-, aunque no tan nueva, que yo no la haya oído muchas y diversas veces, como aquella del juego de ajedrez, que mientras dura el juego cada pieza tiene su particular oficio; y en acabándose el juego, todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura. Miguel de Cervantes


Juego honestamente y juego para ganar. Si pierdo, tomo la lección. Bobby Fischer

sábado, 18 de abril de 2015

Al alimón: Mujeres con los dedos verdes

Post escrito por y entre Edita Olaizola http://editaolaizola.blogspot.com.es/ y Laura Rosillo http://lrosilloc.blogspot.com.es/
Imagen: Lucía Meler
Soy mujer.
Me di cuenta bastante pronto con la primera exigencia y la primera prohibición
¿Por qué yo tenía que hacerme la cama y ayudar a recoger la mesa y mis hermanos no? Son muy pequeños, decía mamá… y siempre fueron más pequeños que yo.
Tampoco me dejaron hacer de monaguillo, con lo que mí me gustaban los encajes y el incienso, era cosa de niños, las niñas llevábamos velos blancos y misales de nácar y teníamos que mostrar recogimiento y devoción, ¡nada de agitar campanillas!
Pero al margen de lo doméstico y el boato religioso, yo noté una diferencia sutil desde  que tengo memoria: una tenue hermandad que transita desde abuelas a nietas, a través de canciones, juegos, refranes, sólo para niñas, que crean los cimientos de nuestra común  cultura popular.
Y si Mambrú se fue a la guerra, que dolor, que dolor, que pena; yo soy la viudita del conde Laurel que quiero casarme y no encuentro con quiénLas canciones de corro sellaron para siempre una hermandad que llega hasta hoy que con sorprendente facilidad comparto opinión y sentimientos con mujeres conocidas, pero también desconocidas, de todas las edades con las que siento una corriente de complicidad natural.

Me gusta ser mujer
Conozco hombres magníficos y mujeres impresentables.  No he hecho nunca un estudio, ni profundo ni somero, sobre el porcentaje de unos y otras sobre la población en general. He leído de todo sobre hombres y de todo sobre mujeres.  Muchísimas personas viven directa o indirectamente de defender o denostar los derechos de las mujeres
En suma, no tengo datos científicos y contrastados para decir lo que digo: me gusta ser mujer.  Y lo digo tranquila y convencida, sin datos pero con el convencimiento de que los datos no son todo en la vida (supongo también que más mujeres que hombres estarán de acuerdo con mi última aseveración).
Aunque me encanta la tesis de Pablo Herreros Ubalde en su blog: Somos Primates sobre las Armas de Mujerhttp://www.somosprimates.com/2015/04/armas-de-mujer-contra-machos-agresores/
Creo firmemente que las mujeres, en general, no estamos tan supeditadas a los datos para albergar una convicción de este tipo, porque hablamos de algo tan profundo e intangible  como nuestra propia idiosincrasia. En el fondo de nuestro ser no necesitamos ninguna argumentación externa para creer lo que creemos:  es bueno ser mujer.
Y me cuesta muy poco meterme en harinaen un proyecto profesional grupal si somos mujeres, del mismo modo que, de forma natural, nos repartimos las tareas de intendencia en una fiesta, en una reunión, en la familia, mientras los hombres hablan de sus cosas y nos observan deambular poniendo orden, distribuyendo la comida, arreglando desperfectosintentando que la velada sea más agradable.
Nunca sentí ninguna diferencia respecto a los hombres a no ser esa hermandad femenina que además he sentido no sólo en mi ciudad y mi país, sino en todos los lugares en los que he estado con poquísimas excepciones que tienen que ver con usos y costumbres demasiado diferentes a los míos.
Nunca tuve problemas ni para liderar un proyecto, ni para conducir un equipo por ser mujer que no fueran un salario menor que un hombre en mi mismo puesto, pero el dinero nunca fue para mí el principal motivo para aceptar un nuevo reto, un nuevo encargo. A lo largo de mi vida laboral he tenido más jefes que jefas, pero no he notado diferencias sustanciales en su estilo de liderazgo, y así he tenido jefes detallistas, y centrados en las personas, que son cualidades que suelen atribuirse a mujeres, y jefas autoritarias muy centradas en el poder, que son cualidades que suelen calificarse de masculinas.
En general, las mujeres
  • somos el pilar de la sociedad en muchas circunstancias, desde una remota aldea africana hasta la abuela que cuida del nieto y además coopera a la economía familiar con su exigua pensión;
  • somos el paño de lágrimas de los miembros de la familia, las amistades, colegas del trabajo y otras personas de nuestros círculos habituales;
  • somos trabajadoras hasta el punto de asumir responsabilidades laborales,  familiares y sociales simultáneamente;
  • somos quienes llevamos la peor parte en el reparto de bienes, no sólo económicos.

Me he limitado a resaltar cuatro de las muchas características que nos definen, y he escogido éstas porque tienen algo en común:  la capacidad de cargar con responsabilidades propias y ajenas.  Conozco pocos hombres y muchas, muchísimas mujeres que lo hacen  cada día como algo natural.
Y a pesar de esta carga injusta y ancestral, somos capaces de reír, buscar el lado bueno de las cosas, disfrutar de los pequeños regalos que trae cada día, alegrarnos y alegrar la vida a muchas personas de nuestra área de influencia.
La madurez me ha traído algunos nuevos pequeños matices diferenciadores: Mi universo femenino, las mujeres que me han acompañado a lo largo de mi vida hasta ahora, se ha mantenido y se han reforzado los lazos en muchas ocasiones, y se ha ampliado, y cada mujer que llega a mi vida para compartir un proyecto, un aprendizaje, una reivindicaciónllega para quedarse, sella el pacto secreto de apoyo mutuo que tenemos las mujeres y que se vuelve imprescindible en la madurez.
La madurez nos vuelve a las mujeres solidarias y nos empuja a cuidar de otros, a guiar a otros, a enseñar a otros, como si nuestra vida hasta aquí hubiese sido un ensayo general para llegar a este momento en que volvemos a la tribu como brujas buenas, como hadas madrina, mujeres con los dedos verdes que todo lo que plantan, agarray florece.

BBC Mundo 8/11/2013












Me gusta ser mujer.
Mira tres ejemplos:
1. En un contexto social: en el Hagadá Kaufmann (siglo XIV),  una ilustración de una orquesta femenina. Es fácil imaginar que en una sociedad judía medieval la vida no debía resultar fácil para las mujeres, pero ahí están, deleitándose y deleitando con la música.






2. En un contexto urbano: fachada en la calle Libertad, obra de las Ganchilleras de Zaragoza, cuyo lema es 'conseguir provocar una sonrisa a través de nuestras acciones y poner color en nuestras calles' (además de integrar socialmente a mujeres extranjeras).



3. En un contexto profesional:  En el Garden La Noguera (@gardenlanoguera), las empleadas han realizado este precioso trabajo por propia iniciativa, para decorar el establecimiento y alegrar a los clientes que se acercan a la puerta.





Tres contextos diferentes con algo en común:  la capacidad femenina de hacer el trabajo, hacerlo bien, hacerlo por encima de lo exigible y hacerlo aportando además pequeños rayos de alegría, ilusión, estética y ética a la sociedad.
Lo dicho:  me gusta ser mujer y como dice Javier Marías, celebrar la alegría de estar juntas. http://elpais.com/elpais/2015/01/02/eps/1420214957_651529.html
Me gusta ser mujer.

martes, 7 de abril de 2015

Golden Worker: Tu próxima misión

Modelo de crecimiento

Babyboomers, la generación de la reinvención madurescente


¡Bien...! Ya te has desvinculado de la que fue tu empresa durante tantos años. Has superado con éxito el duelo por la desaparición de la marca en la que comenzaste, el duelo por la pérdida de empleo, el duelo por la pérdida de status... ¡tantas pérdidas! Llevas algún tiempo dándole vueltas a esa vieja idea que te resulta lo suficientemente atractiva y que parece que puede ser rentable, como para lanzarte a la piscina y probar tu valía.

Estás preparándote a fondo porque sabes que en realidad será como comenzar de cero y no piensas en "ir tirando", sino que ésta es una auténtica oportunidad, tal vez la última, para dar el salto a una experiencia sobresaliente en la vida, la de ser dueño y responsable de tu destino tanto en el seno de una nueva empresa como si te estableces por tu cuenta.

En esta transición necesitas saber no sólo todo lo referente a tu especialidad profesional sino empezar a desaprender viejos hábitos, creencias inamovibles y prejuicios que para nada te sirven. Incorporar a tu haber los últimos estudios e informes sobre tu sector, todo lo referente a la innovación en tu campo... Debes analizar a fondo qué está haciendo tu competencia, qué nuevos lenguajes está utilizando... Debes saber qué recursos están disponibles y como movilizarlos para superar los obstáculos que vas a encontrar en el camino.

Imagen: Bodegas Cillar de Silos

Wilkinson en la HBR identifica tres pasos prácticos para construir el capital de conocimiento que nos permitirá sobresalir en esta nueva etapa de nuestra carrera profesional, los tres pasos de la reinvención:

Fase Cero en la que debes dedicar de forma inflexible al menos 30 minutos al día a estudiar, a informarte, a profundizar en tu área de conocimiento. En esta fase busca información de máxima actualidad sobre tu sector y tu profesión, identifica problemas de tu sector y desarrolla hipótesis de cómo podrías resolverlos.

Tour de Aprendizaje en el que debes preguntar a compañeros y colegas sobre movimientos y cambios en las organizaciones a las que pertenecen para conocer tendencias y problemas actuales reales. 

Analiza cómo definen los problemas tus actuales o antiguos clientes y proveedores y qué hipótesis elaboran para resolverlos. 

Grupos de Afinidad en los que mantenerte en contacto con colegas que estimulen tu inteligencia. Busca a personas influyentes con las que relacionarte y aprovecha las redes colaborativas que ya existen y si no encuentras las que sean de tu interés, créalas.
Piensa en redes que respondan a estas dos preguntas: ¿quién puede ayudarme a conseguir esto? y ¿cómo puedo conectar con las personas influyentes de este sector?


La madurez no es una excusa para el inmovilismo. Quien no se reinventa se atrofia. Muchos babyboomers pecan de exceso de confianza en el éxito pasado y esa es la cuerda con la que se ahorcan. Pensar que si sirvió en el pasado tiene que funcionar también hoy, es el error frecuente de muchos trabajadores senior.

En parte eso sucede porque clientes, proveedores, contactos y colegas han madurado con nosotros, e instalados en la zona de confort es difícil ver el tsunami laboral que se nos viene encima con la revolución de la era del conocimiento, la digitalización y la robotización de las tareas. En la burbuja de lo conocido desde siempre, no vemos más allá de las repetitivas y tediosas reuniones a las que asistimos con los colegas de siempre, no escuchamos las otras voces ahí fuera que nos cuentan lo que está viniendo y lo que nuestros clientes empiezan a demandar.

Pasar de una etapa de madurez a una de crecimiento es una difícil hazaña y esperamos hasta que es inevitable y urgente para dar el salto.

Sin embargo, debería ser en el momento de mayor éxito y estabilidad laboral, haciendo caso de las leyes de crecimiento de la empresa, cuando debiéramos provocar cambios sustanciales en nuestra vida laboral ¿Pero quién quiere cambiar cuando las cosas van bien?

Las empresas inteligentes organizan sus equipos por proyectos de forma que l cambio se viva de forma natural, en lugar de estructurarse en puestos fijos y asignar tareas inamovibles a cada trabajador.

Al igual que estas empresas, deberíamos repartir nuestros intereses profesionales en varios cestos, de forma que pudiéramos cambiar de oficio, de empleo, de empresa, de ciudad..., (poned aquí los etcéteras que queráis...) con más facilidad y con menos dolor del que nos provoca ahora cualquier mínima alteración de nuestra vida y en lugar de tener aversión y pavor al cambio, incorporarlo a nuestro cotidiano desarrollo profesional como elemento indispensable para crecer.