domingo, 19 de abril de 2015

Jugar a vivir

Imagen: Gamers: Phil Toledano


El juego es la suprema sensación para aquellos que no conocen el amor, ese otro juego en que se apuesta el alma. Manuel Gutiérrez Nájera



¡Ojalá jugáramos a trabajar! Con esa seriedad que imprime el conocer bien las reglas del juego. Con la limpieza y transparencia con la que se han de repartir las cartas y la profundidad con la que analizamos la mano que nos ha tocado en suerte.

¡Ojalá jugáramos en pareja! Construyendo las señas y guiños de nuestra secreta comunicación que nos hará invencibles. Adivinando el juego del otro y completándolo.

¡Ojalá jugáramos en equipo! Respetando los roles y la distribución de tareas que nos hace más fuertes, más potentes, más eficientes.

En el juego nos sumergimos en lo que acontece hasta el cuello, perdemos de vista lo que no afecta a la partida que estamos jugando  y somos más nosotros mismos que nunca.

Brava comparación -dijo Sancho-, aunque no tan nueva, que yo no la haya oído muchas y diversas veces, como aquella del juego de ajedrez, que mientras dura el juego cada pieza tiene su particular oficio; y en acabándose el juego, todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura. Miguel de Cervantes


Juego honestamente y juego para ganar. Si pierdo, tomo la lección. Bobby Fischer

sábado, 18 de abril de 2015

Al alimón: Mujeres con los dedos verdes

Post escrito por y entre Edita Olaizola http://editaolaizola.blogspot.com.es/ y Laura Rosillo http://lrosilloc.blogspot.com.es/
Imagen: Lucía Meler
Soy mujer.
Me di cuenta bastante pronto con la primera exigencia y la primera prohibición
¿Por qué yo tenía que hacerme la cama y ayudar a recoger la mesa y mis hermanos no? Son muy pequeños, decía mamá… y siempre fueron más pequeños que yo.
Tampoco me dejaron hacer de monaguillo, con lo que mí me gustaban los encajes y el incienso, era cosa de niños, las niñas llevábamos velos blancos y misales de nácar y teníamos que mostrar recogimiento y devoción, ¡nada de agitar campanillas!
Pero al margen de lo doméstico y el boato religioso, yo noté una diferencia sutil desde  que tengo memoria: una tenue hermandad que transita desde abuelas a nietas, a través de canciones, juegos, refranes, sólo para niñas, que crean los cimientos de nuestra común  cultura popular.
Y si Mambrú se fue a la guerra, que dolor, que dolor, que pena; yo soy la viudita del conde Laurel que quiero casarme y no encuentro con quiénLas canciones de corro sellaron para siempre una hermandad que llega hasta hoy que con sorprendente facilidad comparto opinión y sentimientos con mujeres conocidas, pero también desconocidas, de todas las edades con las que siento una corriente de complicidad natural.

Me gusta ser mujer
Conozco hombres magníficos y mujeres impresentables.  No he hecho nunca un estudio, ni profundo ni somero, sobre el porcentaje de unos y otras sobre la población en general. He leído de todo sobre hombres y de todo sobre mujeres.  Muchísimas personas viven directa o indirectamente de defender o denostar los derechos de las mujeres
En suma, no tengo datos científicos y contrastados para decir lo que digo: me gusta ser mujer.  Y lo digo tranquila y convencida, sin datos pero con el convencimiento de que los datos no son todo en la vida (supongo también que más mujeres que hombres estarán de acuerdo con mi última aseveración).
Aunque me encanta la tesis de Pablo Herreros Ubalde en su blog: Somos Primates sobre las Armas de Mujerhttp://www.somosprimates.com/2015/04/armas-de-mujer-contra-machos-agresores/
Creo firmemente que las mujeres, en general, no estamos tan supeditadas a los datos para albergar una convicción de este tipo, porque hablamos de algo tan profundo e intangible  como nuestra propia idiosincrasia. En el fondo de nuestro ser no necesitamos ninguna argumentación externa para creer lo que creemos:  es bueno ser mujer.
Y me cuesta muy poco meterme en harinaen un proyecto profesional grupal si somos mujeres, del mismo modo que, de forma natural, nos repartimos las tareas de intendencia en una fiesta, en una reunión, en la familia, mientras los hombres hablan de sus cosas y nos observan deambular poniendo orden, distribuyendo la comida, arreglando desperfectosintentando que la velada sea más agradable.
Nunca sentí ninguna diferencia respecto a los hombres a no ser esa hermandad femenina que además he sentido no sólo en mi ciudad y mi país, sino en todos los lugares en los que he estado con poquísimas excepciones que tienen que ver con usos y costumbres demasiado diferentes a los míos.
Nunca tuve problemas ni para liderar un proyecto, ni para conducir un equipo por ser mujer que no fueran un salario menor que un hombre en mi mismo puesto, pero el dinero nunca fue para mí el principal motivo para aceptar un nuevo reto, un nuevo encargo. A lo largo de mi vida laboral he tenido más jefes que jefas, pero no he notado diferencias sustanciales en su estilo de liderazgo, y así he tenido jefes detallistas, y centrados en las personas, que son cualidades que suelen atribuirse a mujeres, y jefas autoritarias muy centradas en el poder, que son cualidades que suelen calificarse de masculinas.
En general, las mujeres
  • somos el pilar de la sociedad en muchas circunstancias, desde una remota aldea africana hasta la abuela que cuida del nieto y además coopera a la economía familiar con su exigua pensión;
  • somos el paño de lágrimas de los miembros de la familia, las amistades, colegas del trabajo y otras personas de nuestros círculos habituales;
  • somos trabajadoras hasta el punto de asumir responsabilidades laborales,  familiares y sociales simultáneamente;
  • somos quienes llevamos la peor parte en el reparto de bienes, no sólo económicos.

Me he limitado a resaltar cuatro de las muchas características que nos definen, y he escogido éstas porque tienen algo en común:  la capacidad de cargar con responsabilidades propias y ajenas.  Conozco pocos hombres y muchas, muchísimas mujeres que lo hacen  cada día como algo natural.
Y a pesar de esta carga injusta y ancestral, somos capaces de reír, buscar el lado bueno de las cosas, disfrutar de los pequeños regalos que trae cada día, alegrarnos y alegrar la vida a muchas personas de nuestra área de influencia.
La madurez me ha traído algunos nuevos pequeños matices diferenciadores: Mi universo femenino, las mujeres que me han acompañado a lo largo de mi vida hasta ahora, se ha mantenido y se han reforzado los lazos en muchas ocasiones, y se ha ampliado, y cada mujer que llega a mi vida para compartir un proyecto, un aprendizaje, una reivindicaciónllega para quedarse, sella el pacto secreto de apoyo mutuo que tenemos las mujeres y que se vuelve imprescindible en la madurez.
La madurez nos vuelve a las mujeres solidarias y nos empuja a cuidar de otros, a guiar a otros, a enseñar a otros, como si nuestra vida hasta aquí hubiese sido un ensayo general para llegar a este momento en que volvemos a la tribu como brujas buenas, como hadas madrina, mujeres con los dedos verdes que todo lo que plantan, agarray florece.

BBC Mundo 8/11/2013












Me gusta ser mujer.
Mira tres ejemplos:
1. En un contexto social: en el Hagadá Kaufmann (siglo XIV),  una ilustración de una orquesta femenina. Es fácil imaginar que en una sociedad judía medieval la vida no debía resultar fácil para las mujeres, pero ahí están, deleitándose y deleitando con la música.






2. En un contexto urbano: fachada en la calle Libertad, obra de las Ganchilleras de Zaragoza, cuyo lema es 'conseguir provocar una sonrisa a través de nuestras acciones y poner color en nuestras calles' (además de integrar socialmente a mujeres extranjeras).



3. En un contexto profesional:  En el Garden La Noguera (@gardenlanoguera), las empleadas han realizado este precioso trabajo por propia iniciativa, para decorar el establecimiento y alegrar a los clientes que se acercan a la puerta.





Tres contextos diferentes con algo en común:  la capacidad femenina de hacer el trabajo, hacerlo bien, hacerlo por encima de lo exigible y hacerlo aportando además pequeños rayos de alegría, ilusión, estética y ética a la sociedad.
Lo dicho:  me gusta ser mujer y como dice Javier Marías, celebrar la alegría de estar juntas. http://elpais.com/elpais/2015/01/02/eps/1420214957_651529.html
Me gusta ser mujer.

martes, 7 de abril de 2015

Golden Worker: Tu próxima misión

Modelo de crecimiento

Babyboomers, la generación de la reinvención madurescente


¡Bien...! Ya te has desvinculado de la que fue tu empresa durante tantos años. Has superado con éxito el duelo por la desaparición de la marca en la que comenzaste, el duelo por la pérdida de empleo, el duelo por la pérdida de status... ¡tantas pérdidas! Llevas algún tiempo dándole vueltas a esa vieja idea que te resulta lo suficientemente atractiva y que parece que puede ser rentable, como para lanzarte a la piscina y probar tu valía.

Estás preparándote a fondo porque sabes que en realidad será como comenzar de cero y no piensas en "ir tirando", sino que ésta es una auténtica oportunidad, tal vez la última, para dar el salto a una experiencia sobresaliente en la vida, la de ser dueño y responsable de tu destino tanto en el seno de una nueva empresa como si te estableces por tu cuenta.

En esta transición necesitas saber no sólo todo lo referente a tu especialidad profesional sino empezar a desaprender viejos hábitos, creencias inamovibles y prejuicios que para nada te sirven. Incorporar a tu haber los últimos estudios e informes sobre tu sector, todo lo referente a la innovación en tu campo... Debes analizar a fondo qué está haciendo tu competencia, qué nuevos lenguajes está utilizando... Debes saber qué recursos están disponibles y como movilizarlos para superar los obstáculos que vas a encontrar en el camino.

Imagen: Bodegas Cillar de Silos

Wilkinson en la HBR identifica tres pasos prácticos para construir el capital de conocimiento que nos permitirá sobresalir en esta nueva etapa de nuestra carrera profesional, los tres pasos de la reinvención:

Fase Cero en la que debes dedicar de forma inflexible al menos 30 minutos al día a estudiar, a informarte, a profundizar en tu área de conocimiento. En esta fase busca información de máxima actualidad sobre tu sector y tu profesión, identifica problemas de tu sector y desarrolla hipótesis de cómo podrías resolverlos.

Tour de Aprendizaje en el que debes preguntar a compañeros y colegas sobre movimientos y cambios en las organizaciones a las que pertenecen para conocer tendencias y problemas actuales reales. 

Analiza cómo definen los problemas tus actuales o antiguos clientes y proveedores y qué hipótesis elaboran para resolverlos. 

Grupos de Afinidad en los que mantenerte en contacto con colegas que estimulen tu inteligencia. Busca a personas influyentes con las que relacionarte y aprovecha las redes colaborativas que ya existen y si no encuentras las que sean de tu interés, créalas.
Piensa en redes que respondan a estas dos preguntas: ¿quién puede ayudarme a conseguir esto? y ¿cómo puedo conectar con las personas influyentes de este sector?


La madurez no es una excusa para el inmovilismo. Quien no se reinventa se atrofia. Muchos babyboomers pecan de exceso de confianza en el éxito pasado y esa es la cuerda con la que se ahorcan. Pensar que si sirvió en el pasado tiene que funcionar también hoy, es el error frecuente de muchos trabajadores senior.

En parte eso sucede porque clientes, proveedores, contactos y colegas han madurado con nosotros, e instalados en la zona de confort es difícil ver el tsunami laboral que se nos viene encima con la revolución de la era del conocimiento, la digitalización y la robotización de las tareas. En la burbuja de lo conocido desde siempre, no vemos más allá de las repetitivas y tediosas reuniones a las que asistimos con los colegas de siempre, no escuchamos las otras voces ahí fuera que nos cuentan lo que está viniendo y lo que nuestros clientes empiezan a demandar.

Pasar de una etapa de madurez a una de crecimiento es una difícil hazaña y esperamos hasta que es inevitable y urgente para dar el salto.

Sin embargo, debería ser en el momento de mayor éxito y estabilidad laboral, haciendo caso de las leyes de crecimiento de la empresa, cuando debiéramos provocar cambios sustanciales en nuestra vida laboral ¿Pero quién quiere cambiar cuando las cosas van bien?

Las empresas inteligentes organizan sus equipos por proyectos de forma que l cambio se viva de forma natural, en lugar de estructurarse en puestos fijos y asignar tareas inamovibles a cada trabajador.

Al igual que estas empresas, deberíamos repartir nuestros intereses profesionales en varios cestos, de forma que pudiéramos cambiar de oficio, de empleo, de empresa, de ciudad..., (poned aquí los etcéteras que queráis...) con más facilidad y con menos dolor del que nos provoca ahora cualquier mínima alteración de nuestra vida y en lugar de tener aversión y pavor al cambio, incorporarlo a nuestro cotidiano desarrollo profesional como elemento indispensable para crecer.




lunes, 30 de marzo de 2015

#FOW El futuro del trabajo: humano, muy humano


Tengo una amiga que coge la mano de Angelines de 92 años y le canta suavemente al oído: "me importas tú, y tú, y tú, y solamente tú..." y a Angelines se le llena el rostro de lágrimas y sonrisas.



Y tengo otra amiga que ha adoptado un cachorro lazarillo durante su entrenamiento para podérselo entregar a Pablo, ciego de nacimiento, perfectamente adiestrado.

El mismo Pablo que es fisioterapeuta muy reputado porque sus manos reconocen con una sensibilidad extraordinaria, contracturas, nudos y tensiones.

Y tengo un amigo que analiza con ojo crítico miles de datos y prepara informes que resumen tendencias y anticipan problemas. 

Y mi amiga de la facultad, de cuando estudiábamos filología, se inventa preciosas frases motivadoras que luego aparecerán en tazas, camisetas, delantales...

Y tengo un amigo que tiene unas manos de oro. Es magnífico con la madera, con el hierro, con el plástico, todo lo que toca se convierte en sus manos en un objeto hermoso y útil. Ahora está emperrado en resucitar viejos oficios casi extinguidos y talla mascarones de proa para barcos de vela, inventa artísticas grecas y cenefas para estampar en tela, teje en mimbre paragüeros, lámparas y baúles, recicla y sopla botellas de vidrio con las que hace nuevos e insólitos objetos...

Y tengo un amigo cuentista que las tardes de los domingos nos reúne frente a una copa y una tapas y desgrana con maestría de actor una historia tal vez entresacada de Las Mil y una Noches, tal vez de un blog.

Y un amigo de la infancia aficionado hasta casi la locura al aeromodelismo declara que quiere ser piloto de drones, mientras que un conocido mío trabaja para cuatro compañías simultáneamente en cuatro proyectos que nada tienen que ver entre ellos, lo que le obliga a desarrollar cuatro "oficios" a la vez.

Conozco a un antiguo alto ejecutivo de una multinacional que después de cientos y cientos de comidas de trabajo con clientes, se ha convertido en experto gourmet y crítico gastronómico de una exitosa revista de negocios y management, y recorre restaurantes y hoteles a la busca del lugar perfecto, en cualquier ciudad del país y del mundo, para una comida de negocios.

Este me ha presentado a un cocinero que trabaja en casas particulares preparando comidas y cenas para tus invitados.

En una de estas cenas conocí a jovencísima "youtuber" que explica en sus vídeos cómo sacarle provecho a cada APP (aplicación), herramienta, recurso de Internet en tu smartphone, tu tablet, tu ordenador...

Y sé de uno que ha cambiado la función que constaba en su tarjeta y de "Responsable de Recursos Humanos" ha pasado a "Responsable del Capital Humano" y en pequeño, a continuación, Gestor Social. Y en su equipo hay una persona que se dedica exclusivamente a analizar las redes sociales en las que interactúan los profesionales de la organización, la red de contactos que mantienen y la información que comparten, para encontrar nuevos colaboradores y proveedores y la mejor información sobre el sector.

Y vivo rodeada de freelancers a los que encuentro a menudo trabajando o reunidos en los espacios de coworking gratuitos que facilita el Ayuntamiento, o sencillamente en un bar que ofrece acceso gratuito al WIFI. Autónomos que trabajaban por cuenta ajena hasta hace muy poco y que, en su mejor momento profesional, han sido expulsados del sistema y obligados a una emprendeduría que nunca entró en sus cálculos, pero que es su única salida laboral porque el mercado de trabajo no quiere trabajadores maduros.

Y así seguiría enumerando nuevas maneras de trabajar... porque muy lentamente vamos abandonando la idea del trabajo como explotación: mi tiempo a cambio de dinero, para aproximarnos paso a paso, al ritmo que marcan las tecnologías, al trabajo como medio de desarrollo humano que además nos proporciona un medio de vida y un canal de participación social.

Como dice Jeremy Scribens estamos transitando de organizaciones basadas en "hacer más con menos", compartimentando el trabajo en silos con una mentalidad de déficit, hacia organizaciones con mentalidad de abundancia, centradas en "hacer más con más", conectando talentos y fortalezas, viviendo la organización como un ecosistema de participación de la comunidad conectada.

Gurúes, vendedores de humo, charlatanes varios..., nos empujan a seguir nuestra pasión, renunciar a nuestro trabajo y seguir nuestra pasión. Hablemos mejor de poner corazón en lo que hacemos, prefiero hablar de emoción y compromiso. De entregarnos a los proyectos que tengamos entre manos.

Trabajar desde el corazón supone crear un lugar, el lugar de trabajo, que se manifiesta en la creación de una cultura del trabajo basada en el "cuidado" y el "empoderamiento" de las personas.

El "lugar" del trabajo es un lugar para aprender, para mejorar nuestra habilidades y actualizar nuestra forma de pensar, para colaborar en equipo para alcanzar el éxito de nuestro proyecto común. Para crecer y desarrollarnos profesionalmente ganando influencia e impacto personal y de nuestra comunidad/organización. 

Es el lugar para desarrollar el trabajo bien hecho, para dejar las cosas mejor que las encontramos. Para que crezcan beneficios, talento e impacto.








domingo, 22 de marzo de 2015

Curiosidad, imaginación, memoria... aprendizaje


Hace años me gustaba inventar vidas a personas a las que veía por la calle, en el autobús, en un bar. Sus rasgos, su indumentaria, su acento, su lenguaje corporal me inspiraban una historia que no me interesaba contrastar con la realidad.

Más arriesgada era otra afición que practicaba con menos frecuencia: me gustaba escoger a una persona en la calle, en el metro, en una tienda y seguirla durante un par de horas. Durante la persecución recogía minuciosamente en una libreta las calles por las que pasábamos, los lugares en los que entraba y cada uno de sus actos, describía la ropa que vestía, sus rasgos y sus gestos.

Ambas aficiones se alimentaban mutuamente y trayectos reales siguiendo a alguien real, se convertían más tarde en relatos imaginarios construidos con fragmentos de verdad.

En más de una ocasión la realidad superó con creces mi capacidad de inventiva y hasta en alguna ocasión tuve que salir por piernas dado lo peligroso del momento.

Con el paso del tiempo descubres que eso que creía una afición particular, no es más que lo que nuestro cerebro hace continuamente: interpretar la realidad, completar en la imaginación, la información que no poseemos sobre un acontecimiento o una persona, hasta tal punto, que si dos personas son testigos de un determinado evento, cada una de ellas contará una historia diferente de lo que sucedió y en ambos casos, como en mi peculiar afición juvenil, mezclarán verdad e imaginación.

Desde hace tiempo está disminuyendo mi curiosidad por las vidas ajenas. Tengo que realizar verdaderos esfuerzos de voluntad para que me interese el relato de alguien. En contadas ocasiones seguiría a alguien por la calle porque ha despertado en mí el deseo de saber más sobre él, sigo mal el hilo de historias insustanciales.

Tal vez no tiene que ver sólo conmigo... Observo detenidamente a las personas que se sientan solas en la terraza del Zurich, (ese bar que parece especialmente pensado para observar la fauna que se encamina hacia Las Ramblas de Barcelona), ninguna de ellas, hoy por lo menos, mira a los demás, la mayoría observa atentamente la pantallita de su smartphone.

De la misma manera que parece que ya no miramos escaparates, ni monumentos, ni edificios singulares, sino que los fotografiamos incesantemente, pero no para conservar esas fotografías en álbumes de recuerdos y así revivir el viaje, la experiencia, sino para compartirlo con nuestro círculo de seguidores, amigos, contactos... online, ya que, de hecho, son fotos que no volveremos a contemplar. Ahí están, en la memoria de nuestro smartphone, que no en la nuestra... no volveremos a ellas como volvíamos a abrir esos álbumes en que se guardaban las fotos entre hojas de papel cebolla.

Despertar el interés: Recuerdo con una sonrisa en los labios las hormigas recorriendo mi estómago ante la expectativa de un suceso novedoso. Es la ilusión... que llena nuestra cabeza de historias futuribles sobre lo que acontecerá, imaginamos escenarios y actitudes, conversaciones y nuevos protagonistas que transformarán nuestro pequeño mundo.

Imaginamos las cosas antes de conocerlas y el conocimiento tiene que ver con hacernos preguntas continuamente, no porque esperemos respuestas, ni revelaciones, sino porque enunciar nuestras dudas hace que se dispare la espoleta de la curiosidad que es el motor del aprendizaje... Por qué, dónde, cuándo, cómo..., entreabrimos así la puerta  de la investigación, de la indagación que nos llevará a formularnos nuevas preguntas y así.. "ad infinitum".

La curiosidad nos encamina hacia el sendero de lo prohibido, lo oculto, lo peligroso y cuando nos dejamos invadir por el temor saltamos al vacío, porque cuando más miedo te da saltar..., es cuando saltas.


Imagen: Claroblog

miércoles, 18 de marzo de 2015

Todos tendremos que hacer como Don Quijote: la revolución madurescente

Ilustración: G. Doré

"Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años." Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Cap. 1


Y Don Quijote abandona lo que había sido  su vida hasta entonces y comienza lo que el Dante llamó "Vita Nuova"... Así que podemos también entender "El Quijote" como la historia de la crisis madurescente de un hidalgo aburrido de la vida rural y que comienza una "vita nuova" en un último intento por convertir su vida en una aventura apasionante.

Y visto así, se nos antoja más próximo y real y entendemos su locura mucho mejor que la maravillosa excusa de Cervantes de que la mucha lectura de novelas le "secó el cerebro".

Recibe varios nombres, como por ejemplo, "Demonio del mediodía" (por el aburrimiento que sentían los monjes después del almuerzo) o "síndrome de Gauguin" (por la decisión que tomó el pintor de dejar su entorno familiar y marcharse muy lejos) y hace referencia a la huida hacia adelante, a los grandes cambios personales, laborales y/o familiares que toman las personas al llegar a la madurescencia (alrededor de los cincuenta años) tras hacer un balance negativo de su vida hasta el momento.

Se trata de una crisis de personalidad experimentada alrededor de esa edad que provoca un deseo de algo nuevo que nos devuelva la ilusión por vivir. Es la crisis de la MADURESCENCIA.

Como dice G Montero en su magnífica ponencia: "Enfrentando el dolor por la madurescencia", los adultos realizamos un ímprobo trabajo psíquico cuando dejamos de ser necesarios para el plan de la especie (la reproducción) e iniciamos el envejecimiento.

Si en la adolescencia sorteamos una serie de pruebas de iniciación para ser considerados miembros adultos de la sociedad en un viaje de ida (como explica Joseph Campbell en El héroe de las mil caras, hablando del viaje del héroe), la madurescencia indica el momento de iniciar el camino de vuelta, el retorno o "catábasis", un descenso a los infiernos del que saldremos "humanizados", poseedores de una nueva sabiduría de la vida, algo valioso para compartir con otras personas.

Tanto en la adolescencia como en la madurescencia se produce una revolución significativa en nuestro cuerpo (cambio metabólico, fisiológico y hormonal), pero en la madurescencia junto a las primeras señales de envejecimiento: canas, arrugas, pérdida de tono muscular, suelen acontecer situaciones que acentúan la crisis madurescente: síndrome del nido vacío, envejecimiento, enfermedad o muerte de los padres, enfermedad crónica o incurable, muerte de coetáneos... y pérdida de la fertilidad.

Este panorama, como a Don Quijote, nos empuja a reinventarnos para salir del "más de lo mismo" y superar la sensación de que nos queda poco tiempo.

Y esta mañana, escuchando a Nekane Rodríguez de Galarza, directora general de Lee Hecht Harrison España, hablando sobre el futuro del trabajo y el futuro del talento, he llegado a la conclusión de que la generación de los "babyboomers", que son los aquejados de crisis madurescente en este momento, pueden encajar perfectamente en el nuevo paradigma empresarial y social que está emergiendo si, precisamente, entran en crisis y resurgen como el ave fenix a la "vita nuova". Ellos mejor que nadie necesitan reinventarse para iniciar como las águilas el vuelo de renovación que les permitirá tener una segunda oportunidad para realizar sus sueños más secretos continuamente aplazados por mor del pacto social. La madurescencia nos devuelve la libertad.

El futuro económico y social pasa por el aprendizaje a lo largo de la vida, la innovación y creatividad en el trabajo, la integración, adaptabilidad y el trabajo colaborativo, magníficos retos para inventarnos una nueva profesión, un nuevo trabajo, una nueva vida con la ventaja sobre otras generaciones de la urgencia que da el saberse más allá de la mitad del camino.

Hablaba Nekane de que en Europa en el 2020 habrá 73 millones de puestos vacantes debido a la gran crisis demográfica que vivimos, y que tiene visos de empeorar ya que nuestros jóvenes no encuentran trabajo y por lo tanto no se independizan ni procrean, y permanecen en un estado adolescente permanente que no se resuelve. Por otro lado la población europea envejece sin remedio y en paralelo además se alarga (¿alcanzaremos los 100?) la esperanza de vida. Muchos de esos 73 millones de puestos de trabajo será ocupados por máquinas y robots y muchos por golden workers, trabajadores que rebasarán con mucho la tradicional edad de jubilación.

Lo que las máquinas no puedan hacer es lo que nos tocará hacer a los mortales. Y hay que prepararse para ello, hay que, como Gauguin, salir de nuestra zona de confort e iniciar la aventura en un entorno extraño y a veces lejano a nuestro hogar de siempre, hay que calzarse las botas de siete leguas y hollar caminos nuevos y aprender a cada paso para disfrutar en el tercer capítulo de la vida de aventuras sin par en un mundo nuevo que será mejor si nosotros así lo decidimos.


Heinrich Friedrich Füger- Prometeo